Lectura del libro del profeta Ezequiel


Esto dice el Señor: “A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel. Cuando escuches una palabra de mi boca, se la comunicarás de mi parte. Si Yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero Yo te pediré a ti cuentas de su vida. En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida”.

Salmo responsorial (94)

R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.
L. Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a El llenos de júbilo, y démosle gracias. /R.
L. Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor que nos hizo, pues El es nuestro Dios y nosotros, su pueblo, El nuestro pastor  y nosotros, sus ovejas. /R.
L. Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mi, aunque habían visto mis obras. /R.
L. Porque fuiste mi auxilio a tu sombra, Señor, canto con gozo. A ti se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo. /R.

Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los romanos

Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: “No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás” y todos los otros, se resumen en éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano. Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedara desatado en el cielo. Yo les aseguro también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy Yo en medio de ellos”.

 

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Por un corazón de carne

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–         “Decir lo que hay que decir”.  Al profeta Ezequiel Dios lo estimula a ser sincero y honesto, a no caer -como a veces nos pasa- en la “tentación de la simpatía” del querer causar buena impresión y agradar a todos, y por ende, sólo dar mensajes positivos. Es la tentación de muchos profetas, les gustaría anunciar cosas bonitas y agradables, les gustaría no ser profetas de calamidades… pero la realidad va por otro camino, y la voz de Dios les pide honestidad. Aquello que digan será responsabilidad suya. Una advertencia a tiempo, una amonestación, puede ahorrar una expulsión, un salirse del camino y descarrilar; pero alguien debe poner el cascabel al gato ¿te animas a ser profeta? Ojo, porque no es tan fácil, para denunciar hacia fuera, también se debe poder denunciar hacia dentro, y admitir de buen agrado críticas y correcciones.

 –          “A nadie le debáis nada más que amor”. Lo esencial de la ley es amar, nos dice san Pablo. Por eso preocupaos más de amar y menos de la ley, porque amando ya la cumplís. ¿Cómo hacer del amor el centro de mi vida? ¿Cómo amar mejor? Mirando a Cristo. No se trata de dar muchos besos ni de ser empalagosos, amar es muchas veces esperar, sufrir en silencio, aguantar malos modos, … La vida es escuela de amor para quien quiera aprender, la cuestión es esa, estar dispuestos a aprender, ir aprendiendo de tus propios errores. Pero ir siempre avanzando por la vía del amor.

 –          Mateo insiste en un gesto muy concreto del amor fraterno: la corrección. “Si tu hermano peca, repréndelo”. Y repréndelo con amor y por amor, no por humillar ni por señalar sus faltas sin más. Muestra que lo quieres y que te importa. Demasiadas veces adoptamos la actitud más cómoda, callar. O tenemos la tentación de decir, “él es libre, que haga lo que quiera con su vida” y esto sin dejar de ser cierto se convierte en una excusa para no implicarme más en la vida del otro. El Evangelio viene a decirnos este domingo, que no te dé igual tu hermano, sé capaz de decirle aquello que no es bueno para él. Sin actitud de superioridad o desprecio, con amor. “Me preocupa esto de ti… últimamente te veo… ¿te pasa algo?…” Hay tantas maneras buenas de hacerme presente en la vida del otro, que casi es pecado no hacerlo. Una cosa es la intimidad y otra la indiferencia. Lucha contra toda indiferencia, porque esta nunca es buena amiga de la fraternidad. Que no me dé igual lo que le pasa a un hermano.

Víctor Chacón Huertas, CSsR [/box]

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